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Boletín de prensa, 11 de octubre de 2014, "Día Internacional de la Niña"



Boletín de prensa

·         En Chiapas menos de un 1% de los adolescentes hombres de 12 a 17 años se dedican a los quehaceres del hogar, frente a un 23% de las adolescentes mujeres.
·         Tan sólo en lo que va del año se tiene registro de más de 30 niñas y adolescentes que han sido víctimas de abuso sexual por parte de profesores en escuelas públicas del Estado.

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, a 11 de octubre de 2014

Foto: Luis Miguel Aranda
Hace 3 años, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 11 de octubre como el Día Internacional de la Niña, para reconocer los derechos de las niñas y los desafíos excepcionales que confrontan las niñas de todo el mundo. El tema del Día de la Niña 2014, “Empoderar a las adolescentes: poner fin al ciclo de la violencia”, se eligió en reconocimiento de la importancia de invertir en las niñas durante la adolescencia para prevenir y eliminar las distintas formas de violencia que experimentan.

Hoy, desde Melel Xojobal relanzamos la campaña "Las niñas y las adolescentes También Cuentan", con el objetivo de visibilizar y combatir la discriminación contra niñas y adolescentes por su condición de edad y género, para promover el cumplimiento de sus derechos. Esta campaña es parte de una campaña nacional promovida desde la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM).

Foto: Luis Miguel Aranda
En el estado de Chiapas, 4 de cada 10 habitantes tienen entre 0 a 17 años. Por lo tanto, para el 2010, en Chiapas vivían casi 2 millones de niños, niñas y adolescentes, de los cuales 975,872 son mujeres[1]. Además, el estado de Chiapas tiene un alto porcentaje de población indígena; un 30% de la población del estado pertenece a un pueblo originario. Al analizar el cumplimiento de los Derechos en Chiapas, esto es muy importante ya que los pueblos indígenas tienen mayores rezagos socioeconómicos y menores oportunidades de desarrollo humano. Por ejemplo, un 18% de la población indígena en Chiapas es analfabeta, frente a un 11% de la población no indígena[2].

El temor fundado de que las niñas y adolescentes sean objeto de violencia por parte de compañeros, e incluso de maestros, evita que las niñas asistan a la escuela y hace más probable que los padres las retiren de la escuela a temprana edad. De ahí que la violencia basada en el género y la violencia sexual son barreras importantes para que las niñas continúen sus estudios más allá de la educación primaria.

Organizaciones de la sociedad civil, han denunciado que maestros de escuelas públicas en Chiapas, han obligado a más de 30 niñas y adolescentes a realizar actos sexuales. Ellas y sus familias han sido amenazadas con bajas calificaciones y expulsiones si no cooperan o denuncian. Cuando una adolescente es objeto de violencia, sus decisiones y oportunidades son limitadas, mientras que las consecuencias pueden afectarle durante el resto de su vida y pueden repercutir en las siguientes generaciones.

No podemos dejar de denunciar cómo los medios de comunicación contribuyen a reproducir y expandir los estereotipos de género, que son el trasfondo de las conductas discriminatorias y violentas contra las mujeres. La influencia que ejercen programas televisivos, novelas, anuncios publicitarios, cantantes, y otros en la conformación de mitos, significados y valores asignados tradicionalmente.

Foto: Luis Miguel Aranda
Yesenia González, de 14 años, expresó: Nos hemos dado cuenta de que a las niñas, adolescentes y mujeres nos utilizan como objetos publicitarios y la consecuencia es que ya no nos valoran por lo que somos si no por cómo quieren que nos veamos.  Se nos muestran adolescentes y niñas muy distintas a nosotras rubias, delgadas, ojos de color y nos hacen sentir menos porque son diferentes. Lo mismo sucede en los videos musicales y la publicidad. Después queremos ser igual a los estereotipos que nos presentan, al grado que algunas podemos caer en enfermedades como bulimia y anorexia, además de generar una baja autoestima.

Comúnmente transmiten la idea de que la mujer debe cuidar a los demás, y responder por la comida y el aseo del hogar. La carga ideológica implícita en tales mensajes obliga a niñas y adolescentes a asumir papeles protagónicos en cuanto a la maternidad y el mantenimiento del hogar, y a liberar involuntariamente a sus pares masculinos de estas labores. A nivel estatal se observa que menos de un 1% de los adolescentes hombres de 12 a 17 años se decidan a los quehaceres del hogar, frente a un 23% de las adolescentes mujeres[3].

En ese sentido, Monserrat González, de 12 años, comentó: A nosotras como niñas y adolescentes, desde muy pequeñas se nos enseña a realizar actividades en el hogar, sin embargo, queremos expresar el desacuerdo que tenemos al ver que este trabajo no es reconocido por la sociedad. Es considerado como algo que solo debemos hacerlo nosotras, siempre se ha tenido esa creencia de que las mujeres son de la casa, para atender a sus hijos y a su esposo. Queremos ser tomadas en cuenta para hacer otras actividades más allá de las que se realizan en el hogar y que la sociedad en general aprenda a valorar el esfuerzo que realizamos y que se reconozcan los desafíos a los que nos enfrentamos como mujeres, niñas y adolescentes.

Foto: Luis Miguel Aranda
En este contexto, prevalece el matrimonio infantil como una práctica permitida en muchas comunidades indígenas, que representa una grave violación a sus Derechos Humanos, restringe su educación, daña su salud y limita drásticamente su futuro. En la mayoría de los casos, a las niñas y adolescentes se les priva de la oportunidad de alcanzar todo su potencial y de cambiar las condiciones de pobreza, a lo que hay que agregar la criminalización y persecución contra aquellas que rechazan esta práctica. 

Las consecuencias del matrimonio a temprana edad van más allá de sus propias vidas y alcanzan hasta la siguiente generación. Los hijos e hijas de madres adolescentes y sin educación tienen una probabilidad mucho más alta de dejar la escuela, casarse jóvenes y comenzar el ciclo nuevamente.

Resulta evidente que existen aún muchas violaciones a los derechos de niñas y adolescentes en el estado de Chiapas, y que las condiciones socioeconómicas de muchas comunidades y municipios tienen un impacto negativo sobre el cumplimiento de los derechos de niñas y niños.

La discriminación y la violencia contra las niñas y adolescentes es común, frecuente y tolerada, debido a las situaciones generalizadas de desigualdad de género. Es indispensable visibilizar entonces que la violencia contra las niñas y adolescentes, es en realidad violencia de género.

Ante esta grave problemática, las niñas y adolescentes que impulsamos esta Campaña exigimos:

1.                  Que no se promuevan estereotipos de las mujeres, niñas y adolescentes en los medios de comunicación para evitar la discriminación y la violencia de género, y que quien lo haga, sea multado.

2.                  Exigimos seguridad en las escuelas y respeto por parte de los profesores, prefectos y conserjes, porque hay mujeres, niñas y adolescentes que han sufrido violencia sexual y vivimos con miedo a ser acosadas.

3.                  Exigimos que todas las mujeres, niñas y adolescentes tengan la oportunidad de estudiar y se facilite el acceso a las escuelas.

4.                  Exigimos que en las escuelas haya educación sobre sexualidad para que estemos bien informadas y tomemos buenas decisiones

5.                  Exigimos que a las niñas y adolescentes trabajadoras tengan condiciones de seguridad en su trabajo.

6.                  Exigimos que se nos pague igual que a los hombres en cualquier trabajo, así seamos niñas o adolescentes.

7.                  Exigimos que hayan sanciones para quienes nos acosan y molestan en la calle

8.                  Como niñas y adolescentes exigimos ser escuchadas para la elaboración de leyes que garanticen nuestro bienestar.


¡Porque las niñas y adolescentes también cuentan!




[1] INEGI. Censo de Población y Vivienda, 2010

[2] CDI.  Indicadores sociodemográficos de la población total y la población indígena, Chiapas, 2010


[3] INEGI. Censo de Población y Vivienda 2010

Melel Xojobal A.C. Recibe el Premio XXVI de la Fundación Compartir




Melel Xojobal A.C. Recibe el Premio XXVI de la Fundación Compartir
Ciudad de México
22 de septiembre de 2014

Premios  Compartir
XXVI Edición

Apreciados convocantes, apreciada concurrencia:

            Cómo me gustaría que estuvieran aquí la multitud de niñas y niños que han dado vida y sentido a Melel Xojobal; cuánto disfrutaría mirar las sonrisas primeras que surgieron en los encuentros iniciales del pequeño grupo con el que iniciamos esta aventura; qué sabroso sería poder nombrar a todas y a todos los que han construido nuestra organización, porque en todas esas personas está el mérito de haber abierto caminos nuevos, de haber perseverado en las exigencias del trabajo y en las etapas más difíciles por las que hemos atravesado.

Ha sido apasionante y retador el respaldar a un equipo interdisciplinar e intercultural  que ha hecho diferencia para la vida de muchas personas, que ha aportado a otras instancias, que ha visibilizado  lo que muchos quisieran mantener oculto, que han generado conocimiento nuevo y metodologías creativas que enriquecen los esfuerzos en otros espacios.

Pero también hay un amplio conjunto de personas e instituciones que han hecho posible la existencia y la subsistencia de Melel Xojobal, y que también han visto iluminadas sus vidas, muchas veces a gran distancia, con las vidas dignificadas de tantísimos niños y niñas  a lo largo de 18 años, que han corrido como ellos.

Así que al agradecer a Compartir debo decir también gracias a todas las personas que han querido compartir nuestro camino.

Me resulta interesante que el conjunto de iniciativas premiadas por la Fundación Compartir, implica valorar la atenta mirada a la realidad que las inspira.
Fue una mirada atenta a una nueva realidad la que dio origen a Melel Xojobal. Por siglos la Ciudad de San Cristóbal de Las Casas, a pesar de honrar en su nombre al gran defensor de los Indios, Fray Bartolomé de Las Casas, había preservado el síndrome colonial de ser la Chiapa de los Españoles, con una exclusión explícita de la población indígena circundante, vista solamente como incómoda servidumbre y mano de obra desechable.

En la década de 1970 se inició un proceso de migración forzada hacia la ciudad, causada por conflictos político religioso, que se irían complementando por las condiciones de pobreza y marginación a las que estaban sometidas las comunidades indígenas.

Fue surgiendo un nuevo sector en la población urbana: niñas y niños indígenas sin contexto cultural, sin opción escolar, dispersos en las calles mientras sus mamás buscaban algunos ingresos por la venta de artesanías o trabajos eventuales de ínfimo ingreso, condiciones de vivienda, vestido, salud, por debajo de lo que su pobreza les permitía cuando vivían en sus comunidades rurales de origen.

Miramos a esas niñas, a esos niños nuevos en la ciudad y resaltaba el contraste con la infancia libre que veíamos en las comunidades rurales. Les veíamos amenazados, frágiles, percibidos como estorbo, maltratados por su rostro y su lengua claramente indígenas, condenados a la marginalidad y a la disolución de su identidad; pero con un potente deseo de vivir y con la herencia de una cultura milenaria que podrían descubrir y desarrollar.

Nos vimos llamados a enfrentar esta realidad, y entendimos que no podían ser tratados como la infancia urbana mestiza, aunque compartieran en muchos casos su pobreza.

 La larga experiencia de acompañamiento a los pueblos indígenas nos indicaba la condición indispensable de ir a su encuentro, de preguntarles sus anhelos y necesidades, de conocer sus condiciones de vida y su entorno directo; y surgió un diálogo fecundo que sigue vivo y nos ha ido transformando para poder acompañar a la infancia indígena –ahora también a las y los adolescentes-, favoreciendo su desarrollo desde su identidad cultural y acercándonos desde la perspectiva de sus derechos humanos.

Pero la acción a favor de la infancia indígena en la ciudad de San Cristóbal nos ha llevado a ampliar continuamente nuestros horizontes, a asociarnos con otros organismos que comparten objetivos, a poner la mirada en otros espacios, a profundizar la investigación para entender mejor la compleja dinámica de transformación cultural de la población indígena –y en general de la infancia-, en el contexto urbano, a visibilizar la existencia y el potencial de este sector de la población en la ciudad, a dialogar con las autoridades y a demandarles las medidas y la legislación necesarias para favorecer el ejercicio de los derechos de las niñas y los niños, para enfrentar hoy las causas que mantienen en fragilidad y vulnerabilidad a esas nuevas generaciones que tienen derecho a un mejor presente, para que tengan futuro.

 Pero de todo esto nos surgen unas preguntas grandes: ¿por qué es necesaria la existencia y el servicio de Melel Xojobal?, ¿por qué, a pesar de tantos esfuerzos de muchas organizaciones e instituciones, la problemática de la infancia en general crece, se multiplica y diversifica?

Sabemos que lo que sucede en San Cristóbal de Las Casas, en Chiapas, refleja lo que acontece en todo el país, aunque con características y efectos diversos. Y descubrimos que tal problemática no es una fatalidad necesaria ni un designio de Dios; es el efecto de condiciones socio políticas que generan pobreza y marginación, es la deficiencia de las políticas públicas que no están diseñadas de acuerdo a la realidad de México, es la manipulación de los programas que supuestamente deben atender los efectos, pero, sobre todo, es que no se enfrentan las causas que fracturan el hoy y el mañana de un alto porcentaje de niñas, niños, adolescentes y les condena a un círculo vicioso de pobreza, exclusión, frustración y dependencia, en contraste con el sector privilegiado que se aleja cada vez más por la disposición de todos los medios y recursos concentrados en su favor. Y se hace cada vez más lejano eso de la igualdad de oportunidades para todas y todos.

Apunto solamente algunos de los aspectos que nos preocupan en Melel Xojobal y seguramente a ustedes también que, como sociedad civil, sí están atentos a la realidad nacional.

Junto con la Red por los Derechos de la Infancia en México, nos preocupa la iniciativa preferente de Ley General para la Protección de Niñas, Niños y Adolescentes presentada por el Presidente al Senado de la República, porque, para su elaboración, el ejecutivo no dialogó con las organizaciones sociales, ciudadanas y ciudadanos, conocedores del tema, ni tampoco se tomó en cuenta la participación de niñas, niños y adolescentes, para considerar los aspectos que afectan sus vidas, no sólo de quienes necesitan protección especial, sino también de quienes habitan o transitan en el País.  Esta iniciativa de ley tiene una calificación de 3 sobre 10 puntos de acuerdo al índice de medición de calidad de leyes de infancia; de aprobarse así representaría un grave retroceso y profundizará la visión asistencialista que tanto daño ha ocasionado, alejando a niñas y niños del reconocimiento de sus derechos humanos. 

            Ya no necesitamos más de lo mismo, los resultados están a la vista, es necesario cambiar el paradigma y reconocer a niñas y niños como personas de pleno derecho. Y a los legisladores no les haría mal revisar los compromisos adquiridos a nivel internacional, la Convención sobre los Derechos del Niño, sus Protocolos Facultativos y las recomendaciones emitidas por el Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas. Me parece que podemos aspirar a tener una Ley General y un Sistema Nacional de Garantía de los Derechos de la Infancia y Adolescencia que realmente garantice los derechos de cerca de 40 millones de niñas, niños y adolescentes, de los cuales el 53% vive en situación de pobreza.

Nos preocupan también las políticas de erradicación del trabajo infantil en todo el país, sin considerar las condiciones estructurales que obligan a familias enteras a sobrevivir con ingresos miserables y que ello también obliga a niñas y niños a trabajar y sumarse a la lucha de sus familias; la problemática no es que niñas y niños trabajen, sino las condiciones en que lo hacen y que el estado no garantice sus derechos. El trabajo proporcional  y adecuado puede ser parte importante de la formación de la personalidad y les prepara mejor para enfrentar las ineludibles dificultades de la vida. 

 Y es necesario revertir la lógica de institucionalización, que finge solucionar los problemas metiendo en "albergues", a quienes el estado no ha tenido la capacidad de atender.  

Pero no se trata de agotar el tema y la materia, pero si de reconocer que en la convergencia de personas e instituciones con sentido de responsabilidad y solidaridad, como la que se evidencia hoy aquí, está la fuente de la confianza en que seremos capaces de impulsar las transformaciones necesarias para que en México podamos decir que hemos aprendido a compartir.

Y, nuevamente, GRACIAS a la Fundación COMPARTIR.

Fray Gonzalo Ituarte Verduzco O.P.
Presidente del Consejo de Melel Xojobal A.C.

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